Al
concluir la novela “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño[1] (1953 – 2003), no pude
evitar la tentación de indagar sobre Cesárea Tinajero. Coloque el nombre en
el buscador, y no sé por qué, no me resultó extraño dar cuenta de su
inexistencia. Y es que Bolaño al mezclar tan magistralmente realidad con
ficción nos deja intrigados respecto a que tanto es una y otra.
Personaje
señero, en la referida novela, Cesárea Tinajero representa la soledad de lo
inconcluso, de lo que no logra un desarrollo pleno y es olvidado en el camino,
de aquello que se torna vasto tan sólo en su intención.[2] Cesárea no tenía nada de poética. Parecía
una roca o un elefante. Sus nalgas eran enormes y se movían al ritmo que sus
brazos, dos troncos de robles, imprimían al restregado y enjuagado de la ropa.
Llevaba el pelo largo hasta casi la cintura. Iba descalza[3].
La sensación de vacío, desolación y fracaso marca su final. Es así como Bolaño
hace una crítica revisión general de la poesía mexicana y parte de la
latinoamericana, a través de este relato de vivido realismo; expresando la imposibilidad de sustentar una estrategia
de vanguardia en un momento posvanguardista[4].
Hay sin
embargo quienes, sin objetar lo anterior, tienen una perspectiva más bien
romántica sobre la naturaleza de la novela; la misma que no deja de tener
razón. Y esta se percibe a través de los compromisos asumidos por sus
personajes principales -Arturo Belano y Ulises Lima- y los avatares por los que
atraviesan antes, durante y posterior al encuentro con Cesárea Tinajero. Los detectives salvajes, perdurará por mucho
tiempo como una obra universal porque tiene más relación con la condición del
artista joven que con el fracaso de una generación[5]; escribe Javier Campos.
Por
otro lado, singular interés tuvo para mí el capítulo 25 en la segunda parte del
libro. Este capítulo contiene la crónica que hace otro de los personajes, Jacobo Urenda, sobre los
conflictos en el continente africano en particular en Liberia. El relato hace
gala de un gran realismo, que sólo pudo haber sido logrado por alguien que
enfrentase directamente circunstancias tan álgidas. Si bien Arturo Belano es el
alter ego de Bolaño, en esta parte el
autor hace un doble ejercicio de desdoblamiento, (como sabemos Bolaño fue
corresponsal de guerra en Liberia, durante la guerra civil en ese país). Así
pues, Bolaño va en busca de su alter ego,
pero a través de un personaje, Jacobo Urenda, que puede ser el mismo, al narrar
todas las incidencias camino al pueblo de “Black Creek”.
Poco después de que el poblado
apareciera comenzaron los disparos. Fue todo muy rápido, en ningún momento
vimos a los tiradores y los balazos no duraron más de un minuto, pero cuando
dimos la vuelta al recodo y entramos en lo que propiamente es Black Creek mi
amigo Luiggi había muerto y el tipo que trabajaba en el centro sangraba de un
brazo y se lamentaba ahogadamente, agachado bajo el asiento del copiloto.
Nosotros también, automáticamente, nos
habíamos tumbado sobre el piso del Chevy.
Recuerdo perfectamente lo que yo hice:
traté de reanimar a Luiggi, le hice la respiración boca a boca y luego un
masaje cardiaco, hasta que el francés me tocó el hombro y me indicó con un
índice tembloroso y sucio la sien izquierda del italiano en donde había un
agujero del tamaño de una aceituna. Cuando comprendí que Luiggi estaba muerto
ya no se oían los disparos y el silencio sólo era roto por el aire que
desplazaba el Chevy en su marcha y por el ruido de los neumáticos aplastando
las piedras y guijarros del camino que llevaba al pueblo.[6]
En
este capítulo es la última vez que sabremos de Arturo Belano, quién decide tomar
parte de una marcha suicida por un terreno infestado de enemigos. Por un lado saque la conclusión de que la
vida no le importaba nada, de que había conseguido el trabajo para tener una
muerte bonita, una muerte fuera de lo normal, una imbecilidad de ese estilo, ya
se sabe que mi generación leyó a Marx y a Rimbaud hasta que se le revolvieron
las tripas…
Capítulo
que igualmente llamó mi atención fue el 23, en donde encontramos a otro personaje, (¿producto de los
desdoblamientos de Bolaño?) el real visceralista Felipe Muller[7], quién desarrolla una artificiosa
historia, a la vez que exagerada sobre un poeta peruano y un narrador cubano.
El poeta peruano al que se refiere sería Enrique Verástegui, otrora fundador de
Hora Zero; mientras el cubano sería Reinaldo Arenas. Existen, en tal sentido, entrevistas e indagaciones[8] que no pasan
de ser información anecdótica,[9] pero que confirman que se trata de estos escritores. Por ejemplo en el año
2006 Verástegui responde ante la pregunta:
Hablando de novela, ¿leíste Los detectives salvajes?
Hablando de novela, ¿leíste Los detectives salvajes?
Si Roberto Bolaño se permitía atacar a
Vargas Llosa, por qué no puedo atacar yo a Roberto Bolaño y decir que es un
mediocre novelista. Mediocre porque ha tergiversado la vida de los escritores
que él retrata. Ha tergiversado el sentido de la vida de los escritores, lo
cual está muy lejos de la ficción y de la realidad[10].
Pero
el tema central de este capítulo es el de afirmar ese camino trágico y negado a
los poetas y escritores nacidos en los 50’s.
Pero entonces ocurrió lo que suele
ocurrirles a los mejores escritores de Latinoamérica o a los mejores escritores
nacidos en la década del cincuenta: se les reveló, como una epifanía, la
trinidad formada por la juventud, el amor y la muerte.[11]
En el
fondo subyace este conflicto ideológico, político y social respecto a la forma
en que han de encarar la modernidad las vanguardias artísticas; y en donde, a
decir de Bolaño, la poesía mexicana y latinoamericana esta signada hasta hoy por
el fracaso.
Erick Robles Moran
25 de marzo 2013
[1] BOLAÑO,
Roberto. Los detectives salvajes. Barcelona. Editorial Anagrama. 1998.
[2] Bolaño,
el Estridentismo y Cesárea Tinajero o como hacer una literatura con sombra.
[3] BOLAÑO, Roberto. Op. Cit. Pág. 638
[4] ARECO,
Macarena. Los detectives salvajes de Roberto Bolaño y el juicio a la
vanguardia. En: Revista Anales de Literatura Chilena. Año 8, Diciembre 2007,
Número 8, 185-197. ISSN 0717-6058
[5] CAMPOS, Javier. El primer manifiesto de los infrarrealistas de 1976: su contexto y su poética en Los detectives salvajes. En: http://www.letras.s5.com/jc011009.htm
[6] BOLAÑO, Roberto. Op. Cit. Págs. 566 – 567
[7] Ibíd. Págs. 524 – 528
[8] GARCÍA, Carlos. Verástegui
y Bolaño: origen de una enemistad bajo el agua. Blog Café y Cigarrillos. En. http://cafecigarrillos.blogspot.com/2008/05/verstegui-y-bolao-historia-de-un.html
2008.
[9] RUIZ ORTEGA,
Gabriel. Bolaño y Verástegui, y el motivo de la enemistad: Octavio Paz. Blog La
Fortaleza de la Soledad. En: http://la-fortaleza-de-la-soledad.blogspot.com/2012/11/bolano-y-verastegui-y-el-motivo-de-la.html
2012.
[10] IDELFONSO,
Miguel. En los intramuros de Verástegui. En: http://www.letras.s5.com/mi190706.htm

