En los últimos años, la expansión de las tecnologías de la información en todos los ámbitos de la vida social también ha transformado, de manera profunda, las dinámicas de enseñanza y aprendizaje en los distintos niveles educativos y espacios de formación. Este cambio, en líneas generales, ha sido positivo, toda vez que el mundo, al ingresar en una nueva etapa de desarrollo, exige respuestas más rápidas y eficientes a las necesidades humanas. Para hacer frente a esta situación, la tecnología nos brinda su ayuda, permitiéndonos satisfacer esas necesidades con mayor diligencia y lo logra poniendo a nuestra disposición herramientas que fortalecen y amplían nuestras capacidades cognitivas y productivas.
No obstante, aunque la tecnología ha contribuido significativamente al ámbito educativo —por ejemplo, al garantizar la continuidad del proceso de enseñanza-aprendizaje durante la pandemia—, también presenta ciertos bemoles. Entre ellos, destaca la generación de una peligrosa confusión, instalada no solo entre los docentes, sino también como práctica institucional que tiende a reproducirse entre los demás profesores. Así pues, se observan casos en los que existe una preocupante dependencia hacia determinados dispositivos tecnológicos, al punto de que algunos docentes parecen considerar que enseñar es sinónimo de proyectar diapositivas. Este fenómeno revela una pérdida del sentido esencial del acto educativo y la sustitución de la pedagogía activa por ciertos medios tecnológicos, convirtiéndose así en una nueva variante de la pedagogía tradicional, aunque ahora sustentada en la proyección de diapositivas digitales. Vemos, incluso, casos en los que algunos docentes llegan a ampararse en este tipo de tecnología como condición indispensable para dictar una clase (“si no hay proyector, no dicto”), olvidando que el fundamento de la docencia no reside en los equipos digitales, sino en la capacidad pedagógica, el dominio conceptual y la vocación educativa.
El deber pedagógico y ético del docente
Es pertinente considerar que la Competencia 4 del segundo dominio del Marco del Buen Desempeño Docente , establecida por el Ministerio de Educación del Perú (Minedu, 2012, p. 27), señala que el maestro debe conducir el proceso de enseñanza con dominio de los contenidos disciplinares y mediante estrategias y recursos pertinentes, de modo que todos los estudiantes aprendan de manera reflexiva y crítica, relacionando lo aprendido con sus experiencias, intereses y contextos culturales. Esta competencia implica, entre otros aspectos, que el docente genere un clima favorable para el aprendizaje, motive a sus estudiantes, gestione los contenidos con solvencia, rigor y profundidad, aplique diversas estrategias metodológicas y de evaluación y utilice recursos didácticos adecuados.
Por su parte, la Competencia 9 del cuarto dominio de ese mismo Marco del Buen Desempeño Docente (Minedu, 2012, p. 27), establece que el profesor debe ejercer su profesión desde una ética basada en el respeto a los derechos fundamentales de las personas, actuando con honestidad, justicia, responsabilidad y compromiso social. Esto incluye, de manera explícita, la responsabilidad en los procesos y resultados del aprendizaje.
Así, se observa que la primera competencia citada se centra en el dominio del contenido y la capacidad pedagógica, mientras que la segunda subraya la dimensión ética de la responsabilidad docente. Ambas se ven comprometidas cuando un profesor depende exclusivamente de determinada tecnología para enseñar y demuestra incapacidad para desarrollar una sesión de aprendizaje si no dispone, por ejemplo, de un proyector o una computadora portátil. Ello revelaría una presumible falta de dominio del tema y, si además suspende la clase por esa razón, incurriría en una falta ética, vulnerando el derecho de los estudiantes a recibir una educación continua y de calidad.
¿Puede un docente supervisar su enseñanza a determinados recursos tecnológicos?
Resulta necesario, entonces, formular algunas preguntas esenciales con el propósito de ser medianamente claros en la identificación de esta problemática. ¿Puede un docente estar sujeto, o incluso supervisado, a la tecnología para desarrollar una clase? ¿Puede excusarse de no ejecutar una sesión porque no cuenta con un proyector multimedia o una computadora portátil? La respuesta es evidente: No.
Un profesor que domina plenamente su materia no necesita de un proyector para enseñar; necesita pensamiento, palabra y estructura. Si al llegar al aula no encuentra un equipo multimedia, no está imposibilitado de dictar su clase. Puede, con sencillez y maestría, tomar una tiza o plumón y utilizar la pizarra de tiza o acrílica —siempre disponible— para desplegar la estructura conceptual del tema: un título, subtítulos, esquemas, diagramas o ejemplos que orienten la comprensión de los estudiantes.
El recurso visual no depende de la tecnología digital, sino del ingenio didáctico. Un mapa conceptual trazado en la pizarra o un esquema elaborado paso a paso posee un poder cognitivo que las diapositivas estáticas difíciles de alcanzar. Además, su construcción conjunta con los estudiantes convierte el aprendizaje en una experiencia viva, participativa y significativa. Claro está, esto requiere que el docente domine el tema y posea competencia pedagógica; de lo contrario, le resultará difícil —o incluso imposible— desarrollar una sesión de aprendizaje con solvencia.
Tecnología como aliada, no como excusa
Tal como se infiere de lo que venimos señalando, la docencia, por definición, es también una práctica de resiliencia intelectual que exige responsabilidad, adaptabilidad y compromiso profesional.
En tal sentido, quien enseña debe estar preparado para desenvolverse en contextos diversos, incluso cuando las herramientas tecnológicas tradicionales escasean, como la falta de un ordenador portátil o un sistema de proyección, que a menudo se emplean como simples soportes visuales de clases magistrales centradas únicamente en la transmisión de información, reflejando una actitud pasiva y conformista. La verdadera maestría pedagógica no radica en la dependencia de un dispositivo específico, sino en la capacidad de guiar el aprendizaje con los medios disponibles y no solo con “los ideales”. En tales casos, el docente debe preguntarse: ¿qué otros recursos tengo a mi disposición? y emplearlos con sentido y propósito pedagógico.
Por ejemplo, en nuestro entorno actual, donde los teléfonos móviles forman parte de la vida cotidiana, tanto estudiantes como docentes disponen de estos dispositivos prácticamente omnipresentes; y en circunstancias donde los proyectores hacen falta, el docente resiliente los integra de manera responsable en la dinámica de clase, en lugar de verlos como una distracción. Puede pedirles a los estudiantes que busquen materiales diversos —imágenes, diagramas o lecturas complementarias—, que investiguen información, creen contenido y lo compartan al instante a través de aplicaciones de mensajería (WhatsApp, correo electrónico, entre otras).
De este modo, la potencial limitación tecnológica —expresada en la dependencia de un dispositivo en especial— deja de ser una excusa y se convierte en una oportunidad para diversificar los recursos, subordinándolos siempre a la intencionalidad pedagógica.
Principios pedagógicos para enseñar sin depender de la tecnología.
Ante la dependencia de ciertos soportes tecnológicos, diversos principios pedagógicos ofrecen la posibilidad de desarrollar clases efectivas mediante estrategias activas alternativas (Escuela de Profesores del Perú, 2024):
1. Principio de la claridad estructural: organizar la información de manera lógica y visible (títulos, subtítulos, síntesis, esquemas). Una buena pizarra puede ser más didáctica que una pantalla. (Frieda60, 2018; Lozada, 2025)
2. Principio de la participación activa: fomentar la interacción, el debate y la lluvia de ideas. La voz y la palabra del docente son potentes herramientas de motivación.
3. Principio de la analogía y el ejemplo: traducir lo abstracto a lo concreto mediante comparaciones, historias o experiencias cotidianas. (Arias, 2019)
4. Principio de la visualización manual: representar los conceptos con dibujos, gráficos o mapas conceptuales elaborados en tiempo real. (Losada, Hernández, Leiva, Villacís y Losada, 2021)
5. Principio del trabajo en equipo: fomentar la cooperación entre estudiantes mediante el uso responsable y colaborativo del celular o de materiales impresos como apoyo complementario cuando no se disponga de recursos tecnológicos institucionales. (Universidad Internacional de La Rioja, 2024)
6. Principio de la narrativa didáctica o del storytelling educativo: estructurar la clase como una relación con inicio, desarrollo y cierre, generando sentido, coherencia y conexión emocional en el proceso de aprendizaje. (Vea, 2024)
7. Principio de la adaptabilidad: transformar la carencia en oportunidad. Si no hay proyector, hay pizarra; si no hay pizarra, hay voz; y si no hay voz, hay presencia. Implica, sobre todo, ajustarse a las particularidades de los estudiantes, más allá de las condiciones materiales o técnicas. (Espinoza, Pomajambo, Huapaya y Porras, 2021, p.8)
No olvidemos, entonces, que la tecnología es un recurso aliado, no un amo. El buen docente no depende de los medios, sino de su saber, su palabra y su ética. Puede enseñar con un proyector, con un papelógrafo o, incluso, bajo un árbol. Porque enseñar es, ante todo, un acto humano antes que técnico. Y cuando un profesor abdica de esa esencia, no solo incumple su deber institucional, sino que también traiciona su vocación, defrauda a sus estudiantes al vulnerar su derecho a ser educados y, en última instancia, hiere a la misma educación.
Noviembre de 2025
Referencias
Arias, DLV (2019). La analogía como estrategia didáctica de enseñanza en el aprendizaje del tema de mezclas en estudiantes de cuarto de primaria [Tesis de maestría, Universidad Distrital Francisco José de Caldas]. Repositorio Institucional de la Universidad Distrital. https://repository.udistrital.edu.co/server/api/core/bitstreams/dc2ffcb0-194b-4e75-bf0d-5c50fca59059/content
Espinoza, B., Pomajambo, J., Huapaya, A. y Porras, J. (2021). Orientaciones para realizar adaptaciones curriculares en las experiencias de aprendizaje . Ministerio de Educación. https://repositorio.perueduca.pe/webs/orientaciones-curriculares-aprendizaje.pdf
Escuela de Profesores del Perú. (2024). Metodología activa participativa: concepto, características . https://epperu.org/metodologia-activa-participativa-concepto-caracteristicas/
Frieda60. (11 de enero de 2018). La pizarra como recurso didáctico . Steemit. https://steemit.com/steemiteducation/@frieda/the-chalkboard-as-teaching-aid
Losada, JL, Hernández, E., Leiva, L., Villacís, S., & Losada, JO (2021). A propósito del principio de visualización en la enseñanza clínica . Educación Médica, 22 (3), 172–176. https://doi.org/10.1016/j.edumed.2020.06.007
Lozada, E. (2025, 30 de julio). Pizarra didáctica: la herramienta olvidada que puede revolucionar tu aula . Académico.
https://academikast.com/pizarra-didactica/
Ministerio de Educación del Perú. (2012). Marco del buen desempeño docente: Para mejorar tu práctica como maestro y guiar el aprendizaje de tus estudiantes. https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/3425647/Marco%20del%20Buen%20Desempen%CC%83o%20Docente.pdf?v=1658161064
Universidad Internacional de La Rioja. (2024, 23 de mayo). ¿Qué es el aprendizaje colaborativo y en qué se diferencia del cooperativo? https://www.unir.net/revista/ciencias-sociales/aprendizaje-colaborativo/
Vea, A. (2024, 9 de abril). Storytelling en la educación: métodos y estrategias. Supervisión SMOWL | Sistema de supervisión para solicitudes en línea. https://smowl.net/es/blog/storytelling-en-la-educacion/

